domingo, 20 de septiembre de 2009

La estocada

  • Día veintiún:
La noche pasaba lentamente, el olor a trago, cueca y empanadas más embriagaba sus instintos.
Juan, pensó en que ya había bebido más de la cuenta, y que debía retornar al hogar, el fin de semana de fiestas patrias que estaba pasando junto a su familia en Curanilahue lo tenía feliz.
Pedro y Sergio son de la zona y son mineros acostumbrados a la bohemia de la ciudad, por ende, conocidos por todos.

Cerca de las cuatro de la madrugada, Juan, quien venía silbando desde la salida de la fonda, pone en alerta de su presencia a los dos mineros.

Cuando se acercó lo suficiente como para saludar, uno de los mineros le dijo: - Socito, tiene un puchito?, -Nah, no pasa ná socito, no tengo.
Un puñal sacado desde la altura de la cintura, brilló en la noche y fue velozmente empuñado con destino al corazón de Juan.

El ruido de un gato, más la veloz carrera de los mineros fue parte del lento caminar de Juan quien cargaba su mano derecha en la zona del corazón y que no alcanzó a llegar a su casa, un tensor de poste de electricidad sirvió de cobijo de su último instante.

Luego antes de sucumbir, alzó su vista al cielo y dijo ... -Todo por un maldito cigarro ...

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